viernes, 22 de agosto de 2008

Palabra mágica o maldita...

Llegó un momento que no por deseado era menos temido. Ayer, cuando tan sólo ha transcurrido poco más de un mes y medio desde mi "accidente vascular", el cardiólogo decidía que ya era el momento de volver a mi vida normal. Tanto a Yani como a mi nos cogió de sorpresa. Habíamos especulado con un primer "alta", con indicaciones para comenzar a forzar la máquina un poco más, cosas como poder por fin alzar en mis brazos a Jimena y poder acunarla... y otras, mucho más triviales, como conducir, levantar pequeños pesos o, sencillamente, poder enfrentarme a una cuestecilla en la calle... pero por nada del mundo creimos que iban a pedirme que volviera, tan de golpe como me marché, al día a día de antes.

Por mucho miedo o reparo que me de, hay que enfrentarse a ello. En una semana de plazo me incorporo de nuevo al trabajo y espero no estar demasiado pendiente de lo que debo o no debo hacer, sino asimilar lo antes que pueda esas limitaciones para hacer mi vida mucho más llevadera.

Estamos contentos, pero al mismo tiempo no las tenemos todas con nosotros...

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